|
|
Cuando
estudiamos o cuando ayudamos a otros a aprender, siempre subyace la pregunta
acerca de si estamos siguiendo un método prudente. Este diplomado propone un
método educativo específico y diferenciado para cada uno de nosotros y
nuestros estudiantes (acaso también hijos, pacientes…), una educación que
nos permita descubrir, experimentar y desarrollar nuestras personales y más
altas virtudes, pero también las virtudes de un colectivo (acaso un
estudiantado, un grupo artístico, una familia, una institución o una
población).
La
semiología
ó semiótica
[1],
tan reciente
o antigua como la queramos ver, naciendo en
Saussure
o perdiéndose en los orígenes del tiempo, es nuestro navío para estudiar tanto
lo pretérito, lo contemporáneo, como lo potencial. Para este diplomado en
particular, la semiología se pierde en los orígenes del conocimiento, y esa
pérdida o extravío es parte de su propio misticismo, pues no hay algo
perdido que no intente ser recuperado. En efecto, algunos de los nombres necesarios para comprender el fenómeno de la semiología, son los de genios como Saussure, Peirce, Lévi-Strauss, Greimas, Barthes, Jung, Freud, en nuestra contemporaneidad, y no menos los de Quintiliano, Cicerón, Aristóteles, Platón, Sócrates, u obras como la Epopeya de Gilgamesh, el Enuma Elish, el Bereshit, o los Vedas, la lista completa de nombres y libros sería enorme, pero ante todo, es necesaria la comprensión de cómo estos conocimientos se gestan, llegan a nosotros y se desenvuelven con algún sentido; es decir, semiología como la historia personal del conocimiento. Así la semiología fuera de la teorética estricta en su sentido lingüístico (la cual es necesario explorar), posee una más importante potencialidad práctica de comprender sincréticamente la cultura. Esa capacidad de comprensión única que posee la semiología, es un acto puramente psíquico, creativo y didáctico. Así explorar estos tres aspectos: psíquico, creativo y didáctico, de la semiología, es la tarea principal de este diplomado como un espacio de aprendizaje creación e intercambio teorético, que se dirige principalmente a quienes practican la docencia, de fundamental relevancia para los que desarrollan proyectos e imparten materias de arte, cultura, literatura, humanidades, naturalmente didáctica y pedagogía, pero no menos relevante para los docentes de otras asignaturas, que como es natural, comparten el uso y la exploración del lenguaje y la cultura; por lo que incluso, no estará cerrada la participación para quienes simplemente tengan un sincero y disciplinario interés cultural, aun cuando éste no se dirija a una población estudiantil, y su objeto sea puramente familiar o personal. Su devenir estará signado por una observación universal de la cultura, trazando un discurso metatextual e intertextual, por lo que será frecuente la exploración de símbolos, signos, síntomas, términos, culturas, mitos, obras, autores, teorías, disciplinas y hechos. Así verbigracia, el caduceo, el retorno, la neurosis, la entropía, el brahmanismo, Pandora, las Mil Noches y una Noche, Borges, el principio de incertidumbre, el teatro, y la revolución mexicana, poseen, por así decirlo, una 'relación arbitraria' que es objeto de exploración semiológica, y que al así serlo, cumple un fin didáctico y cultural, un espacio de autoconocimiento y un atisbo potencial de cura. Así, en este sentido, la semiología, al interior del diplomado, no sólo se plantea como un método didáctico de explorar el conocimiento, sino también, y con la misma importancia, como un método terapéutico de auto exploración psíquica, puesto que no es el fin de una educación sensata la simple acumulación de conocimientos, sin el sentido que con éstos se puede construir; por otro lado el sentido en lo cognitivo, es en el campo de la semiología, lo que puede conducir a la virtud o a la locura, como el arsénico, que según la dosis y la condición, es capaz de curar o de matar. Así subyazcan aquí las preguntas: ¿cuáles son las patologías de nuestra educación y de nuestra cultura, y cuál es la terapéutica educativa que permitirá al sujeto (individuo y sociedades), explorarse, para identificar sus patologías, para encontrar su cura, y para transmutar un sentido patológico en un sentido de virtud? La respuesta a estas preguntas es el decurso del diplomado. [1]Escolio: Habría que explicar, por qué ‘semiología’, y no ‘semiótica’. Saussure en su “Curso de Lingüística General”, inaugura, para la modernidad del pensamiento filosófico y lingüístico occidental, esta ciencia con el término ‘semiología’. A lo cual dirá R. Barthes, en su “Aventura Semiológica”: «como ciencia general de los signos, ciencia que no existía todavía entonces, pero de la que la lingüística, pasaría a ser más adelante sólo un apartado. Cuando la semiología, propuesta por Saussure y desarrollada después por otros sabios fue objeto de coloquios internacionales, la palabra se examinó sériamente y se propuso reemplazarla por la de ‘semiótica’ [...], por evitar la confusión entre la semiología de origen lingüístico, y la semiología médica [...]. Un temor y una preocupación un poco vanos.»[1]. No sólo coincido con Barthes en cuanto al carácter sabio de Saussure y en el hecho de que tal cambió de acepción es una banalidad; tal hecho es a mi juicio una tontería que en primer lugar deja de lado la importantísima posición del ‘logos’ sobre el signo y el símbolo, y por otro lado, contribuye a hacer de la semiología una tesis para lingüistas; pero como el psicoanálisis que no es un acto de comercio, sino una búsqueda de la verdad, así la semiología es una manera de analizar como esa verdad se revela ante nosotros.
|
| ||||||||||||||
|
|